martes, 27 de mayo de 2008

ASCENSIÓN AL TREVENQUE

Como continuación de la reseña anterior, y aprovechando que estábamos en Sierra Nevada, el domingo nos fuimos a subir un pico emblemático para los granadinos: el Trevenque, que con sus 2.079m. de altura se erige como el rey de la media montaña y como una asignatura pendiente desde hacía muchos años para mí.
Partimos de la fuente del Hervidero para, tras una monótona pista de grava, aproximarnos a la base del pico. La ascensión final, aunque corta, es empinada y por terreno inestable, lo que exige paso firme y seguro. La cumbre es aérea, como a nosotros nos gusta y ofrece una vista excepcional de la sierra y la vega, lástima que el día bastante nublado nos robara parte de esta visión.
En la bajada llueve algo y apretamos la marcha para llegar al punto de partida, junto al que existe un merendero en que nos hinchamos de papas a lo pobre, migas y otras lindezas.
En resumen, un gran fin de semana compartido con buenos amigos, aparte de los ya mencionados, mi querida Consuelo, Tere, Lola , Manolo Figueroa y el gran Manolo Márquez.

CERRO DEL CABALLO 3.015m

Después de varios intentos, por fin nos vamos a Sierra Nevada un numeroso grupo de nueve amigos del Club. LLegamos el viernes a Lanjarón y nos alojamos en una bonita casa que nos han prestado unos amigos, por supuesto después de cenar estupendamente en el "frenazo".
El sábado cogemos la larga pista que sube al refugio Ventura e iniciamos la ascensión a las 10.00h de la mañana. Subimos todos bien y a ritmo llegando a la cima sobre las 13h. El día es precioso, con sol, nubes y algo de viento. Alguno sube su primer tresmil.

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Muchas fotos y nos tiramos por el nevero hacia la laguna y refugio del Caballo, junto al que paramos a almorzar, con una botella de Huerta de Albalá que ha subido mi primo Lolo. La bajada la continuamos por el fondo del valle, junto al caudaloso rio Lanjarón crecido por el deshielo, en medio de un paraje de alta montaña magnífico.
El regreso se hace largo, siguiendo la acequia hasta llegar a Ventura y más tarde a los coches, tras ocho horas de fuerte actividad.
Toda esta zona del final de la pista sufrió un incendio hace apenas dos años, por una imperdonable negligencia de unos turistas extranjeros que se perdieron. El espectáculo es desolador, todo el bosque de pinos se ha perdido y un macho de cabra montés huye despistado sin comprender aún que se ha quedado sin hogar.
Finalizamos el día con otra buena cena y un cubatita de ron Pálido en compañia de Faustino, Roberto y Pepe. Ha sido una jornada estupenda de montañismo.