domingo, 7 de abril de 2013

LA RUTA DEL AGUA

No estamos acostumbrados a que en nuestra tierra llueva tanto. La provincia de Cádiz tiene capacidad para embalsar 1.800 hm3 de agua, y estamos ya por encima de 1.760, lo que resulta una burrada, pero es que aún no ha parado de llover...


De entre todos los embalses destaca el de Guadalcacín, un autentico "mar interior" de 800 hm3 de capacidad y que ahora mismo de encuentra al 98,5%, o sea, casi al límite del rebosamiento.
Ante esta perspectiva y dado que hoy amanece medio bueno, decido coger la moto y hacer lo que ya se denomina "la ruta del agua", echar un vistazo a los pantanos, ríos y arroyos de nuestra comarca.
El ya mencionado de Guadalcacín es impresionante, están desembalsando y el agua ruge al salir del fondo de la presa. Numeroso público se concentra en el lugar, ávidos de ver algo que no es usual y contentos de comprobar que al menos tenemos abundancia de algo en Cádiz, de agua, que no es poca cosa.
Al pasar junto al manantial de Tempul, el agua sale a borbotones, lástima que el interior de este nacimiento no pueda visitarse.
El puente Picao casi se mete en el agua y en algunos lugares parece que falta poco para que se inunde la carretera.




Por cierto, ahora que hablo de la carretera, no todo resulta bonito, el temporal ha causado muchos derrumbes y numerosos tramos se encuentran cortados, por lo que hay que circular con mucha precaución. Veremos a ver de dónde se saca dinero público para arreglar todo esto, tal como está la cosa.
Continúo mi ruta por el Charco de los Hurones, Zahara de la Sierra y termino junto a la presa de Bornos, saturado de ver tanto líquido elemento.
El campo está precioso, exuberante, todos los arroyos corren alegres y ruidosos, el ganado se me antoja contento, hinchado de comer tanto pasto, parece que estuviera en tierras del norte.
Este final de primavera e inicio de verano prometen bastante.

viernes, 5 de abril de 2013

GENALGUACIL

En el rincón más aislado del valle del Genal se encuentra este pintoresco pueblecito de estrechas y empinadas calles, asomado a un balcón natural a 600 metros de altitud y mirando hacia el sur, hacia la Sierra Crestellina y más al fondo, al campo de Gibraltar.
El entorno del valle es único, extensos bosques de encinas, chaparros y castaños regados por un impetuoso río de aguas claras, y todo ello salpicado por más de quince pueblos, que desde la lejanía asemejan gotas de blanca cal que han caído al azar desde el cielo.






Genalguacil no pasaría de ser uno más de estos pueblos si no fuera por el cariño y el buen gusto de sus habitantes, que lo han convertido en un auténtico museo al aire libre, llenando cada calle, cada rincón, de curiosas y divertidas composiciones artísticas, estatuas, mosaicos o graffitis, sin olvidar la ornamentación vegetal, con muchas y bonitas macetas, plantones y pequeños jardines.
Aparte de las obras expuestas en la calle, el pueblo cuenta con un museo de arte contemporáneo, que abre los fines de semana y festivos, pero cuando fuimos nosotros, estaba cerrado.
Si tenéis ganas de monte, cerca está el puerto de Piedras Blancas y el Pinsapar de Sierra Bermeja, a cuya cima, Los Reales, se sube facilmente y desde donde se obtiene una magnifica vista de la costa mediterranea.
Para comer en la zona hay algunos bares, pero yo me quedo con la terraza y la barbacoa de la venta San Juan, abajo en el río.
En esta ocasión visitamos también el pueblo de Júzcar, famoso porque recientemente gastaron 9 toneladas de pintura, lo pusieron entero de azul y lo declararon "pueblo pitufo". Desde lejos resulta llamativo y no dudo que atraiga a los visitantes, pero particularmente la decoración interior del pueblo no me parece acertada, por utilizar un lenguaje prudente.
Otro día os comentaré más cosas y más paseos del valle del Genal, el cual voy descubriendo poco a poco, y cada vez me entusiasma más.

lunes, 11 de febrero de 2013

EL ALTO ATLAS CENTRAL

 
Durante la Semana Santa de 2011, mientras bajábamos del Jbel Ghat, en la cordillera marroquí del Atlas, apareció al oriente, en la lejanía, una montaña aislada e imponente, que más parecía un volcán. Preguntando a nuestro guía Mohamed, este nos reveló que se trataba del Azourki, un pico de 3.700 m. de altitud, situado al fondo del valle de Ait Boughemez. En ese momento, mi amigo Faustino y yo decidimos que sería nuestro próximo objetivo.
Un grupo de ocho amigos del Club Sierra del Pinar nos ponemos de acuerdo y nos vamos en dos coches todo terreno, pues hay que transitar por tortuosas pistas de tierra antes de llegar al pie de nuestra montaña. Tras un largo viaje y después de cruzar de noche un puerto nevado a 2.600 m. de altura, por fin llegamos al pueblo de Ighirine y a nuestro refugio, donde nos espera nuestro guia Said con una cena caliente y abundante, compuesta por Harira y Tajine de cordero.
A la mañana siguiente, muy temprano, ya están nuestras mulas cargadas con los petates, listas para subir al lago de Izourar, donde pensamos montar nuestro campamento de altura. La ascensión es suave, en medio de terrazas de cultivo y con unos enormes ejemplares de sabina adornando las laderas. Llegados al lago, el lugar resulta impresionante, en medio de un inmenso plateau rodeado de grandes cimas: la cara sur del Azourki y la cara norte del jbel Waougoulzat. Como llegamos temprano, nos dividimos en dos grupos de cuatro, unos van a dar la vuelta al lago y otros intentamos ascender al segundo de los picos mencionados, por una interminable pala de nieve en la que nos hundimos continuamente, por lo que sólo llegamos a una cota situada a 3.400 m., un mirador excelente y una buena recompensa a nuestro esfuerzo.
Llegamos de noche al campamento y nuestros compañeros nos regañan pues se habían preocupado por nuestra tardanza. Faustino prepara una de sus tradicionales y opíparas cenas y disfrutamos de una noche estupenda, no demasiado fría y con un cielo estrellado como sólo he visto en Marruecos.
Antes de amanecer estamos listos para nuestra ascensión. La cara sur del Azourki se presenta como una enorme muralla sin concesiones y con más de mil metros de desnivel. Nuestro guía la afronta por derecho, ganando altura poco a poco hasta una banda de rocas que divide en dos la salvaje ladera. A partir de aquí nos desviamos a la izquierda buscando un punto factible para ganar la cuerda, a la que llegamos tras más de tres horas de esfuerzo continuado. En este punto se alza una bonita y larga cresta por la que llegamos al punto culminante, a 3.677 m. 
El panorama a 360 grados es increíble, con muchas montañas, algunas de ellas viejas conocidas como el M'Goun y otras cuyo nombre desconocemos. El día es radiante de sol, sin apenas viento y como diría un buen amigo, nos cuesta abandonar estas alturas, pero nos espera una larga bajada y no tenemos más remedio que marcharnos.
El viaje no ha acabado y dedicamos una nueva jornada a recorrer kilómetros y kilómetros de pistas, cruzando grandes puertos y bajando a profundos valles. Pasamos junto a pueblos muy remotos, como Zawyat Ahansal, cerca de la conocida garganta de Taglia. Conocemos también la famosa Catedral de roca, con una bonita gite a sus pies, lugar de ensueño para escaladores. Cruzamos bosques bien conservados de pinos, cedros, enebros y sabinas, y mas abajo, grandes zonas de encinar y olivos, donde montamos un agradable campamento.
El regreso lo hacemos por Xauen, donde compartimos una última cena y celebramos el éxito de nuestro viaje, éxito en el que mucho ha tenido que ver el buen hacer y la experiencia de nuestro amigo Faustino y su agencia de viajes ALVENTUS.

domingo, 27 de enero de 2013

TOUR DEL ENDRINAL



El domingo pasado, subiendo por el sendero del Boyar al Pozo de la Nieve, en Grazalema, me preguntaba una chica: ¿cuántas veces has subido por aquí, Franki?
No supe contestar. Mi memoria intentó recordar las veces, desde los 14 años, que había caminado por esta vereda, las gentes que me habían acompañado, incluso las veces que, buscando otras sensaciones, había subido sólo, y son tantas, que me resulta imposible enumerarlas.
Lo más curioso de todo, os doy mi palabra,  es que no me canso, ni me aburro de repetir estos itinerarios, y aunque parezca mentira, siempre disfruto y siempre experimento o descubro algo nuevo, algo distinto.
Esta vez fuimos un grupo de 40 personas del Club Sierra del Pinar, en la primera salida colectiva programada para el año 2013. Salimos, como acabo de decir, del merendero del Puerto del Boyar, subimos a las cotas que rodean el macizo del Endrinal, luego hicimos cumbre en el Simancón y en el Reloj, bajamos a la Charca Verde y volvimos a Grazalema por el Puerto de Las Presillas.
Me encanta este paisaje, por momentos, es como si cruzáramos un océano de piedra, en el que como dijo alguno, a veces parece que se ven hasta las olas.
Hizo bastante frío, con viento del norte y aunque amenazó, no llegó a llover, hasta que llegamos de vuelta al autobús (baraka).
El grupo caminó muy bien, a buen paso incluso por zonas de lapiaz sin apenas camino.
El ambiente fue muy agradable, con muchas risas y bromas.
Además de la gente nueva que siempre participa en estas salidas, coincidimos una buena representación de la "vieja escuela" con Manolo Gil, Faustino, Lolo Figueroa, Mercedes, Manolo Márquez, Pepe Robert, Consuelo, Fátima, Vito, Carlos,...
Un domingo de lujo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

VIÑA EL MAJUELO




Envuelto en una fina capa de nieblas, conservo aún vivo el recuerdo de mi padre llevándome a conocer la mayor y más importante viña del marco de Jerez. Yo podría tener 10 u 11 años y sin duda ya amaba el campo. 
Aquella viña me parecía un paraíso, con su "castillo", sus suaves lomas, sus amplias vistas, y en mi ignorancia, me parecía como si de alguna forma aquello me perteneciera, porque era la viña de la bodega junto a la que yo vivía y donde mi padre trabajaba.
Treinta y tantos años más tarde, ahora llevado por mi hermano, vuelvo a visitar El Majuelo, y lo encuentro como lo recordaba: su esbelta torre vigía de posible orígen árabe, su antigua casa de viña del siglo XVIII, sus extensos viñedos perfectamente alineados y en esta época luciendo preciosos tonos ocres y sus maravillosas vistas de la campiña, incluso, en días claros, hasta el mar.
En El Majuelo vivía gente, como vivían antes la gente del campo, con sus casas de guardeses, su escuela, su capilla, su gañanía, el lagar donde se trabajaba en vendimia, los salones donde paraban los señores, los despachos, todo está allí, sin apenas uso actual, congelado en el tiempo.
No obstante, la multinacional Beam mantiene las instalaciones en muy buen estado y eso, en los tiempos que corren, es cuando menos de agradecer. Estas casas de viña que rodean Jerez son un patrimonio valiosísimo que ojalá todos pudiésemos conocer y valorar.
Al caer la tarde, desde lo más alto de la torre, a la que se accede por una angosta escalera de caracol, se contempla, mirando hacia Rota, una puesta de sol magnífica, a pesar de que hoy el día se puso muy nublado.

Estoy un poco mareado, no por la altura, sino  por el rico mosto que nos hemos bebido. 



Vuelvo a sentir como aquél niño, como si todo lo que me rodea me perteneciera.
Soñar es gratis.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

DOS INTRÉPIDOS CERDITOS EN PORTUGAL

El pasado verano nos quedamos sin la correspondiente (hubiera sido la quinta) edición de la famosa salida motera "Cerdos Salvajes". La crisis económica, el desánimo reinante, fueron las principales causas de su anulación, aunque no las únicas.
Desde entonces andaba uno pensando en que antes de que acabara el año había que hacer algo, aunque fuera cerca y con pocos días. El bueno de Adolfo dio en la clave y propuso que nos fuéramos el puente de la Inmaculada. Al final, sólo quedamos él y yo, pues se ve que la cosa de momento no da para más.
Salimos el viernes a media mañana, con previsión de lluvias en toda España, pero Adolfo decía y repetía que "estaba todo controlado".
Antes de llegar a Sevilla tuvimos que parar en una gasolinera pues el cielo se caía literalmente sobre nosotros. Llevábamos media hora en moto y ya estábamos empapados, incluso mi teléfono móvil que iba en el bolsillo de la chaqueta se mojó y dejó de funcionar.




Salimos de la gasolinera "navegando" y continuamos ruta hasta Badajoz, 300 kilómetros entre chaparrones y claros, pasando bajo inmensos arco iris y disfrutando de una extraña puesta de sol que más se parecía a un lejano incendio. En la capital extremeña nos alojamos en el vetusto hotel Cervantes y pasamos una animada aunque breve velada nocturna.
El sábado amaneció cubierto de nieblas y así entramos en tierras lusas, por Elvas. A ratos, la carretera tomaba cierta altura y como en una suerte de milagro, descubríamos un paisaje limpio y un cielo azul intenso para poco después, volver a sumergirnos en la densa y opaca humedad. 
Nuestra ruta subía hacia el norte, Portoalegre y luego toda la ribera del Tajo, por zonas de campiña y viñedos. Hasta que no abandonamos el río no salimos definitivamente de la niebla, ahora en dirección sur, pasando por las poblaciones de Coruche y Montemor-o novo, este último con un conjunto interesante y un bonito castillo.
El interior de Portugal, al menos en esta época del año, es verde, húmedo, muy arbolado y con bonitas y sinuosas carreteras secundarias. Pasamos por el pintoresco pueblo de Alcácer do Sal, junto al río Sado y desde aquí ya tiramos definitivamente hacia el Algarve, pues queríamos doblar el cabo de San Vicente y terminar la etapa viendo atardecer sobre el Atlántico.
Al final, en dura carrera contra el astro rey, llegamos a la playa a lo justo para la puesta de sol. Unas cuantas cervezas y luego buscando alojamiento en Sagres, la "Tarifa" de Portugal, por su ambiente surfero. Cenamos bien y encontramos un par de bares con música en directo, perfecto.
El domingo temprano, ya con buena luz, nos echamos la foto de rigor en San Vicente, junto al faro. El mar estaba en absoluta calma y mi vista se pierde en los confines del horizonte líquido, pensando en mis cosas y haciendo promesas de futuro tan inútiles que en seguida noté como se hundían en las azules profundidades.
El resto, sin gran cosa que contar, autovía hasta Huelva, Sevilla y a la hora de almorzar en casa.
Gracias a las máquinas, que no fallan y nos llevan a donde queremos.
1.400 kms. en el total de ruta.
Gracias a Adolfo, compañero, amigo y confidente, cerdo salvaje donde los haya.
Finalmente, gracias a Milesio Ruiz, el "mile", auténtico autor de esta ruta, aunque esta vez, no pudimos gozar de su presencia.


lunes, 10 de diciembre de 2012

ÚLTIMAS SALIDAS POR LA SIERRA DE GRAZALEMA



Hasta para escribir unas cuantas notas en un humilde blog hay que tener un mínimo de tiempo, ganas y un cierto estado de ánimo, y no andaba yo muy sobrado de todo eso.




 




Pero el viernes pasado, mientras bajaba del Torreón con mi amigo Chema, un montañero que subía por el sendero me reconoció y me dijo que seguía habitualmente esta "publicación", por lo que me decido al fin a retomar sus líneas, con la esperanza de que no se hayan perdido sus pocos pero fieles lectores, por otra parte amigos y amigas.
 
Son tres excursiones las realizadas últimamente, tres rutas clásicas por la Sierra de Grazalema:
La primera de ellas sube al Simancón desde el puerto del Boyar y la hice en solitario (o casi). 

La segunda va de Grazalema a la Charca Verde, también en el macizo del Endrinal, esta vez en compañía de varios amigos de la "vieja guardia" del club Sierra del Pinar.

La última, la mencionada subida al Torreón por el sendero de la cara sur.
Las tres salidas tienen un elemento en común: el mal tiempo, que azota incesante cada fin de semana. 

Pero esa misma circunstancia ha posibilitado que en las tres rutas las condiciones del paisaje, las luces y sombras, el juego de las nubes, la amenaza de la tormenta y las fugaces vistas, fuesen únicas e inolvidables.


Si me permitís el modesto consejo: no dejéis nunca de ir a la sierra por la previsión meteorológica adversa. Es verdad que podemos volver sin nada, salvo una mojada o incluso un catarro, pero si la suerte nos acompaña, las sensaciones serán irrepetibles.


Bueno, espero que os guste y espero volver a escribir muy pronto, pues alguna cosa más hay para contar.

Gracias.