Hace unos unos 25 años, cuando aún no era más que un chaval, nos fuimos un grupo de amigos y familiares a la Sierra, con la idea de acampar junto a la casa del Dornajo, en la Sierra del Endrinal. Salimos a media tarde de Benaocaz y, cosas que pasan, nos perdimos entre la niebla, tan amiga de estas alturas. Nos cogió la noche, llovía y no tuvimos más remedio que refugiarnos en la casa de Fardela, cuya puerta encontramos abierta. Aquella noche fue memorable, al calor de la chimenea y durmiendo sobre pieles de cabra. Creo que era por navidad. A la mañana siguiente apareció el dueño de la casa, se enfadó un poco pero pronto comprendió la situación y terminó siendo amigo nuestro, como pasa casi siempre con las gentes de la Sierra.
El refugio es grande aunque algo destartalado, y sus alrededores deberían estar más cuidados, pero cumple bien su misión y cuenta incluso
con depuradora de residuos. Otra cosa es el guarda, un tal Josemaría, que resulta un auténtico impresentable. Un tipo extraño, asocial, maleducado y sin detalle alguno hacia los clientes. Ojalá lo cambien pronto, pues gente como ésta hacen poco bien al deporte del montañismo.
A la mañana siguiente, antes incluso de amanecer, nos preparamos para la ascensión. Un pequeño y absurdo accidente en las escaleras del refugio hace que no pueda partir con mis compañeros. No obstante, dos horas más tarde me siento muy recuperado y decido salir sólo hacia arriba. La nieve pronto abunda y me pongo los crampones y saco mi piolet. Voy siguiendo la huella de mis amigos, por lo que no puedo perderme. Cruzo enormes platós nevados y camino por encima de los lagos, ahora en estado sólido. El día es radiante de sol, totalmente despejado y con poco viento. Aunque hace frío yo no lo noto, pues la subida es constante y me hace mantener el calor. Disfruto de una enorme soledad, hasta que de pronto, distingo
a mis compañeros Faustino y Adolfo allá arriba en la lejanía.
Ellos tambien me ven a mi y en un ejemplo de amistad y compañerismo, me esperan. Cuando llego a su lado nos abrazamos y continuamos hasta la cumbre, abriendo huella en un terreno virgen, muy duro pero bellísimo.
En la cima, aérea y estrecha, disfrutamos de una panorámica soberbia, con gran parte de la cadena pirenaica a nuestro alrededor: Posets, Aneto, Monte Perdido al otro lado, la Cotiella al sur, viejas conocidas que nos saludan de nuevo, no en vano llevo más de veinticinco años viniendo a estas montañas.
Bajamos juntos, nos hundimos en la nieve, la tarde cae y las luces invernales tiñen de rosa las laderas nevadas. Llegamos tarde al refugio y decidimos quedarnos una noche más, cansados pero plenamente satisfechos.
Poco tiempo, pero muy intenso. Las grandes montañas nos quedan muy lejos de casa pero no importa, cada vez que podemos vamos a subirlas. Es lo que nos gusta, ya lo sabéis.

resviso, pueblo alto y aislado donde los haya, un camino irreal baja hasta el Desfiladero de La Hermida, concretamente hasta la central eléctrica de Urdón. Digo irreal porque yo no he visto un camino como éste en mi vida, tallado en la pared, empedrado a tramos y con un desnivel de 800 m. que se hacen en hora y media. Visto desde arriba, parece impracticable para el ser humano, luego te das cuenta de que se camina por él perfectamente, eso sí, con cuidado de no resbalar y sin mirar mucho al tajo.
Íbamos a ser más componentes, pero nos fallaron clásicos de siempre, como el Milesio o Pepe Robert, a los que sin duda echamos de menos. También apuntaron intención de venir aspirantes a cerdos, como mi cuñado Chiqui, Ricardo el de Maricarmen, Antonio "caleti" o incluso Rafita Peña, pero unos por una cosa y otros por otra, (casi todos por lo mismo), se fueron cayendo de la lista.
Finalmente, los componentes de esta nueva edición fueron:
JOAQUIN "ustedesnoteneisniidea" SOUTO
ADOLFO "nolodigoperovoysobrao" MORALES
DIEGO "mitaxiandamásqueesto" PEREZ
FRANKI "correresdecobardes" SOUTO
Salimos un miércoles a las 7h de la mañana para dirigirnos a la sierra de Cazorla, intentando pisar autovía lo menos posible, lo que nos llevó por Olvera, Antequera, Iznájar, Priego de Córdoba, Jaen, Ubeda y finalmente Cazorla pueblo. Bajo el castillo de la Iruela nos refrescamos en la piscina, con su correspondiente chiringuito. Luego subimos al parque y pasamos la noche en Arroyofrío, cenando "rin-rán", una especie de salmorejo contundente que acompañaba a unos inocentes lomos de ciervo. Antes de dormir hubo un reñido torneo de futbolín.
La segunda etapa comienza con un día radiante de cielo azul en el que recorremos a todo lo largo el parque natural de Cazorla, Segura y las Villas, junto al embalse del Tranco, con aguas más azules aún si cabe. Joaquín se calienta y empiezan los primeros achuchones. Pasamos por Siles, Riópar, Alcaraz donde tomamos una cervecita "sin" en su plaza mayor y luego la Mancha desolada, en donde el calor nos obliga a parar en un pueblito que no tenía nada, salvo una preciosa piscina municipal, un oasis donde pasar las horas de canícula.
LLegamos a Cuenca bien entrada la tarde, a lo justo para buscar un humilde alojamiento, ducharnos e irnos a cenar en un ambientado centro, en el que nos dimos un merecido homenaje seguido del "digestivo" correspondiente.
El tercer día nos lo tomamos un poco de relax, levantándonos tarde y dando un paseo por las bonitas carreteras de la serranía, en donde visitamos el nacimiento del río Cuervo, otro bonito oasis refrescante, aunque hoy el día no era excesivamente caluroso. Tras un recorrido de unos 200 kilómetros por Tragacete, Vega de Codorno, Beteta y otros pueblos nos volvemos a la capital, recorriendo ahora a pie, su hermoso casco antiguo y asomándonos a la hoz del Huécar.
La cuarta jornada empieza temprano y toma el mando nuestro amigo Adolfo, quien a paso alegre nos lleva hacia su tierra natal. Pasamos Tomelloso y Ossa de Montiel, parando luego en las preciosas lagunas de Ruidera. Ahora sí que descubrimos un verdadero oasis, siete increíbles lagos de aguas turquesa, salpicados de cascadas y rodeados de frondosas arboledas. Hay gente, pero no está del todo masificado. Nos bañamos y estamos a punto de alquilar un hidropedal, pero al final nos pareció una mariconada excesiva.
Por la tarde seguimos hacia Calzada de Calatrava, donde visitamos a los amigos y la familia de Adolfo, llegando al caer la tarde a Ciudad Real. Es nuestra última noche cerdil y la celebramos bien, con una buena cena con algo de marisquito incluido y con un serio intento de entablar conversación con seres de nuestra propia raza pero del sexo opuesto, es decir, con cerdas salvajes, pero todo fue infructuoso.
ades.
Logroño nos recibe con tiempo bueno y aire fresco, perfecto para pasear por sus calles del casco antiguo, por supuesto por la calle Laurel, donde cenamos dos noches con el tradicional tapeo de la zona y muchos chatos de vino, cosecha y crianza. También visitamos los pueblos del entorno, la Guardia, Cenicero, El Ciego, con sus cascos medievales y sus preciosos viñedos. Finalizamos la visita del valle conociendo los monasterios de Suso y Yuso, cuna de la lengua castellana.
y los niños y subimos a la cima del cerro Mandilar, de 2.220m. La vista desde esta modesta cima es magnífica, sobre la cercana Tendeñera, el pico Sabocos, la Peña Roya. Hacia el otro lado, todo el valle de Tena, la imponente Peña Telera, los Argüalas, incluso Vignemale y Monte Perdido, a lo lejos. Un mirador privilegiado y sobre todo en un día como éste, luminoso y sin viento.
mos también el casco antiguo de Tarascón, las ruinas de Montsegur y finalmente la increíble ciudadela de Carcassonne, que parece literalmente sacada de un cuento.
el río subterráneo de Labouiche, enorme galería natural inundada que se recorre en barca y que presenta bonitas salas con curiosas formaciones y saltos de agua. Algo turístico pero muy interesante.
uchamos de pronto una especie de trueno, y contemplamos estupefactos con un gran serac de hielo se rompe y cae en mil pedazos por la pared, formando un serio alud que afortunadamente queda retirado de nosotros. Nunca creí que en Sierra Nevada cayeran este tipo de aludes en pleno verano, pero lo cierto es que a veces pasa. Faustino y Edu se acercan al lugar donde el alud paró y encuentran bloques de hielo del tamaño casi de una persona.
Nuestra ruta sigue, con fuerte desnivel hacia la cumbre del Picón de Jeres, a donde llegamos con un viento muy fuerte y molesto. En vez de bajar de nuevo, seguimos la cuerda, por el cerro Rasero y los Tajos Negros de Cobatillas, bajando posteriormente a la laguna de Juntillas, lugar